Leelah Alcorn no está sola.

El 28 de diciembre pasado, Leelah Alcorn, una jóven trans de 17 años, se suicidó por no recibir la aceptación que sus padres debían darle. La madre, ese mismo día, publicó en facebook que había perdido a su hijo de 16 años. Justamente, este es el tipo de falta de aceptación de la identidad de su hija que provocó la muerte de una chica tan jóven.

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“La única forma en la que puedo descansar en paz es si un día la gente transgénero no es tratada como yo lo fui, si son tratados como humanos, con sentimientos válidos y derechos humanos. Se tiene que hablar en las escuelas sobre género, cuanto antes mejor. Mi muerte tiene que significar algo.” – Leelah Alcorn.
Reino Unido: 48% de la gente trans intenta suicidarse antes de los 26. (2014)
EEUU: 41% de la gente trans intenta suicidarse. (2014)
Canadá: 43% de la gente trans intenta suicidarse. (2012)

En Tumblr – ruta de escape de muchos otros que, como yo, son parte del colectivo arcoíris – Leelah se encontraba con una forma de expresar sus sentimientos, sus emociones. Justamente allí es donde ella publicó su nota suicida. Esta es la carta que más conmovió las redes sociales, lo que más ojos abrió. En ella habla de los abusos de la familia contra su persona, de la decisión de que Leelah no era Leelah sino Josh y por ende no podía tener contacto con nadie que la aceptara, nadie que la llamara Leelah y le dijera que estaba bien ser trans*.

Me angustia pensar que Leelah, como tantas otras personas de la comunidad trans* en el mundo, va a ser enterrada bajo un nombre que no es el suyo.

Es triste tener que esperar que un suicidio, una cosa tan trágica, logre que la sociedad vea lo que el rechazo y la negación provocan. Es terrible pensar en que el suicidio es común entre el colectivo trans y que podríamos hacer algo para evitarlo.

En Argentina tenemos la suerte de contar con una Ley de Identidad que reconoce a la gente trans*, aunque a la sociedad le falte mucho para llegar a la inclusión completa de todo el espectro arco íris. Por otro lado, en Estados Unidos, donde Leelah vivía, estudios muestran que 3 de cada 4 jóvenes trans sufren de violencia en la escuela, que 1 de cada 2 – es decir, el 50% de la gente trans – intenta suicidarse antes de cumplir los 20 años, que el 97% de la población trans fue, en algún momento, discriminada en su trabajo. 

Eso es lo que no es natural; no la identidad de las personas. Lo que no es natural es el odio, la discriminación, el rechazo que empujan a alguien a quitarse la vida. La negación de los padres de Leelah, así como la de tantos otros padres, pares, adultos, y más, que no pueden aceptar que sus hijos no hayan nacido cisgénero o cissexuales, heterosexuales, que tengan capacidades diferentes, enfermedades, etcétera, etcétera. Todo eso es lo que lleva a la comunidad LGBT+ a llegar a tener una tasa de suicidio más alta que el porcentaje que tiene la comunidad en el mundo (entre 1 y 3%, según el estudio).

Por iniciativa encabezada por Latinoamérica, gracias a los avances en materia de derechos que se vienen dando en este rincón del mundo, la ONU (desde el 24 de Septiembre de este año) acordó monitorear contra la violencia a la comunidad, basados en un estudio realizado por dicho organismo, para aportar a la búsqueda de equidad de estos países y el colectivo.

Es un avance en la dirección correcta, un paso hacia la disminución de las tasas de suicidio, contra la discriminación. Pero no nos podemos quedar de brazos cruzados y pensar que esto se va a solucionar solo. Tenemos que ir más allá, ser nosotros mismos el cambio, no discriminar de ninguna forma. Aceptar al otro tal cual es y no horrorizarnos.

Si no sabés qué pronombres usar para referirte a alguien, preguntales. Si llamás a alguien ‘tragasable’, ‘torta’ o ‘traba’, pará. Nadie es demasiado jóven para saber quién es o qué prefiere. Seamos conscientes. No rechacemos. Apoyemos campañas como la de ALITT, traigamos iniciativas como las del proyecto Leelah a nuestra comunidad, aplaudamos resoluciones como la de Salta, acompañemos colectivos como el FALGBT, ATTA, etc.

Si sos una de estas personas que sufrieron discriminación, sabé que, como Leelah, no estás solx. Pedí ayuda. Hablá con alguien que te escuche. Hablá aunque no te escuchen. No te calles.

Leelah Alcorn